image hosted by imageshack.us image hosted by imageshack.us image hosted by imageshack.us
¡Bienvenidos a InkHeartClock! ¡Disfrutar al máximo de la página y de sus historias!

sábado, 9 de febrero de 2008


Luna Carmesi

La mañana pasó veloz en comparación con otros días. El sol estaba alto en el firmamento, indicando la hora de comer. Los comercios hacian una pequeña pausa, los restaurantes abrían sus puertas y la gente se dispersaba.
Estaba feliz, ya que tendría la oportunidad de verle. Estos días estubo faltando mucho al instituto, por lo que iba a su casa a darle los trabajos de la semana. Nunca me dijo donde vivía ni nada sobre su familia. No le gustaba hablar de ello, por lo que le pedí al director su dirección. Vivía en un pequeño piso del centro de la ciudad, vivía en plena ciudad.
Paseé largo rato hasta llegar a la puerta de su piso. Dejé la bolsa con un te de hierbas y la hojas de ejercicios en el suelo y llamé. No contestó. Llamé repetidas veces, pero nada, por lo que esperé. Al cabo de una media hora, me resigné y me fui de allí.
Pasé el día entero paseándome por la zona, mirando tiendas y puestos de comida, mientras lo buscaba con la mirada.
No hubo suerte y la noche llegó, tendiendo un manto de estrellas en el cielo.
Fui cruzando calles, hasta llegar al parque central de la ciudad. Debía coger ese camino para llegar antes a mi casa.
La luna estaba esplendida esa noche, aunque no estubiese aún entera, irradiaba belleza.
Miré mi reloj y vi que ya era tarde, por lo que me apresuré en salir. Y en el instante en que crucé la verja de hierro, escuché un grito ensornecedor, haciéndo que se me pusiese la piel de gallina y las pupilas se me dilatasen del terror.
Lo primero que pensé fue en huir, pero luego pensé en la persona que gritó y fui corriendo hacia donde procedía el grito. Sabía hechiceria y magia, podía proteger a esa persona de lo que fuese que la atacaba.
Lo que vi, hizo que mi alma se revolviese en agonía.
Allan se encontraba mirando el cuerpo inerte de un muchacho joven, con las manos ensagrentadas, sujentando una especie de arma afilada alargada. Era una guadaña...
Retrocedí, pisando unas hojas secas, haciendo que se fijase en mí. Su mirada me recordó, a la que vi aquel fatidico día...

Flash Back

El niño rubio, hizo desparecer su arma, mientras mis padres daban sus últimos alos de vida, antes de precipitarse contra el suelo. Al verlo las lágrimas salieron a borbotones de mis ojos, inundando mi rostro. Corrí hasta sus cuerpos y los abracé en un intento de creer que aún vivían. Él lo presenció todo, observándome. Yo le devolví la mirada llorando amargamente...

Fin del Flash Back

Sus ojos eran tan inexpresivos como el propio hielo...

Escrito el 27 de noviembre del 2008

No hay comentarios:

Publicar un comentario