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sábado, 9 de febrero de 2008

Prólogo

Algún lugar de Nueva York
Martes 20 de mayo del 2008

La brisa de mayo soplaba sobre sus cabellos tecnicolor, acariciándole su rostro, recordándole cuanto tiempo hacía que no caminaba así por las calles de aquella gigantesca ciudad. Contemplaba los edificios, tan enormes y metálicos; contemplaba los automóviles ir y venir por la carretera en direcciones opuestas. Una ciudad enorme, metálica, con miles de personas, muy ruidosa y llena de polución. ¿En eso se había convertido mientras estaba fuera? Aunque tenía que reconocer que ahora la gente no le miraba tanto como antes solían hacer, y es que sus cabellos no pasaban desadvertidos.

Se encontraba buscando a una persona, un viejo amigo podría decirse.

Siguió con cuidado las calles, cruzándolas, pasando por ellas sin prisa, buscando un edificio en particular. Tosió, no estaba acostumbrado al aire de ciudad, había estado demasiado tiempo fuera y ya se había desacostumbrado a su aire tóxico y negro. Aunque le gustaba.

Paró, frente a él había una pequeña casa, de dos pisos con un pequeño jardín, del cual había enredaderas que trepaban por las paredes de la casa, dándole un toque salvaje y dejado. Destacaba entre los dos grandes edificios que se encontraba, por sus verjas torcidas y oxidadas, y por su extraña forma. Si te fijabas bien, parecía que la casa estaba doblada. Sonrió.

-Hogar, dulce hogar-dijo abriendo la verja con una pequeña llave, pasando al jardín y luego, al interior de su casa.

Todo estaba lleno de polvo, desordenado y si mirabas en las juntas, había unas enormes telarañas. Ya se esperaba algo así, pero aún así, no pudo evitar notar tristeza.

-Az, como te has dejado...

Quitó su sombrero, demasiado despacio, y caminó hasta el salón, donde una figura se encontraba sentada en un viejo sillón de terciopelo azul, ahora lleno de agujeros y desconchados. Se acercó a él, al fin viéndolo con claridad. Su viejo amigo había muerto, por eso había vuelto a aquella casa, a su antiguo hogar.

Ahora tendría que arreglar de nuevo aquel desastre, y enterrar un cadáver.

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